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Ni la cultura, ni la religión, ni la estructura social que los antiguos pobladores de Gran Canaria -
Tamarán para los aborígenes -
sobrevivieron a la colonización de los castellanos una vez Pedro de Vera hubo terminado la conquista de la isla en 1483.
Como en el resto del Archipiélago las tierras y las aguas fueron repartidas entre quienes participaron y financiaron la conquista
con la que, por otra parte, no acabaron las pretensiones de otras potencias de la época por hacerse con el control de las mismas.
Portugal insistió hasta que se hubo firmado el Tratado de Tordesillas en 1494,
pero tras este siguieron ingleses y holandeses y durante
el siglo XVI las incursiones piráticas fueron constantes para hacerse con este importante enclave oceánico.
Destacados fueron los intentos de los almirantes británicos Hawkins y Drake que en 1595 fueron rechazados con sus 27 navíos e la bahía
de la Isleta. Algo más afortunado fue Van der Does en 1599 que llegó a ocupar con 10.000 hombres la capital grancanaria, siendo
posteriormente derrotado en el interior de la isla. Y es que, pese al aislamiento propio del Archipiélago, Gran Canaria ha jugado a lo
largo de su historia un importante papel como base de apoyo marítimo para los viajes transatlánticos desde la época de Cristóbal Colón
hasta nuestros días. Así en el siglo XIX y a principios del XX se producen tres procesos históricos que determinan la vertebración de la
sociedad grancanaria: la expansión colonial europea, con Gran Bretaña con un papel sobresaliente y una importante influencia en el
desarrollo del puerto insular; la decadencia del imperio español en América; la escisión interinsular, protagonizada por los sectores
económicos dominantes de Tenerife y Gran Canaria y que acabó en la división provincial de 1927.
En la actualidad el gran motor económico de la isla es el turismo, que al tiempo ha sido el artífice del desarrollo del sector de la
construcción. Paralelamente, la agricultura, que históricamente tuvo un papel importante en el devenir insular, ha ido perdiendo peso y
cada día hay más dificultades para los exportadores hortofrutícolas, principalmente de tomates y plátanos. Mantiene su importancia,
eso sí, el puerto de La Luz y de Las Palmas, que por su superficie, su tránsito y actividad comercial está considerado como uno de los
más importantes del Atlántico.
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